lunes, 23 de febrero de 2015

Capítulo 2. La función educativa de la familia

En cuanto al capítulo 2, en primer lugar una "sugerencia": convendría hacer comentarios que no "repitieran punto por punto" los comentarios precedentes. También sería interesante que hicierais referencia a más de un epígrafe. Eso os ayudará comprender mejor la unidad argumental de cada capítulo: ¿cuál es la tesis principal de ese epígrafe? ¿Cómo lo argumenta, qué ejemplos la sostienen?

Ahora el capítulo: está lleno de sugerencias "políticamente incorrectas", lo que hace que aventure un diálogo interesante.
1. Relación de los esposos entre sí y de éstos con el hijo.
2. El problema del divorcio y sus efectos en el ámbito educativo
3. La educación de la afectividad y su relación con las virtudes (pilares
de la personalidad madura).
4. Estructura familiar y social (hogar, clan, polis) y su influencia en la
educación.
5. El papel del juego en la acción educativa.


Ánimo... espero vuestros comentarios.

Un cordial saludo

9 comentarios:

Javier Giralda Barbáchano dijo...

COMENTARIO CAP. 2: LA FUNCIÓN EDUCATIVA DE LA FAMILIA

Este capítulo se centra en la importancia que adquiere la familia a la hora de dar una buena educación a los hijos. La educación de los hijos en el ámbito familiar debe ser conjunta. Para que esta sea correcta, debe haber una unión plena entre el padre y la madre.

Hace poco, tuve una experiencia con una familia que va acorde con este tema. El padre castigó al niño sin jugar al fútbol porque había obtenido malas notas. Pero como su equipo se jugaba el campeonato de liga, la madre le levantó el castigo y dejó ir al niño a jugar con sus compañeros. Este tipo de actuaciones no son correctas, ya que la educación de la afectividad del niño se verá alterada negativamente.

Para que la educación sea correcta, debe haber una estabilidad familiar, en la que padre y madre eduquen a sus hijos de manera conjunta.

Un elemento fundamental en la educación es el juego. El juego es muy importante porque tiene una serie de factores que servirá a los niños de manera positiva en muchos aspectos de su vida cuando sean adultos (retos, reglas, objetivos, aprenden a ganar y a perder…).


Javier Giralda Barbáchano
Titulado 1º E.P.

H. Mariana Stephanie Sánchez Navarro dijo...


CAPÍTULO II
La función educativa de la familia
El segundo capítulo de “Ayudar a crecer” inicia ensalzando el amor del matrimonio cuyo fin es la procreación. La procreación es el acto con el que más se puede asemejar a Dios creador. Él que es el que da la existencia a todas las cosas, hace participes de su obra creadora al hombre y a la mujer para dar vida a un nuevo ser.
También Dios hace participes a los dos de su paternidad divina y les confía la misión de educar al nuevo hijo dentro de una familia, que es reflejo de la comunión que existe en la Santísima Trinidad.
Para que se lleve a cabo el espíritu de familia se necesita un hogar, hogar donde exista verdadero amor, estabilidad y diálogo entre los cónyuges. Lo único que hará a un niño plenamente feliz es ver el amor que existe entre sus padres. El amor entre ellos y de ellos al niño implícitamente lo está formando
En ese hogar debe encontrar una Madre hacendosa y laboriosa. La mujer no debe de perder su identidad de ama de casa que tanto bien hace a la familia y evita tantos peligros. En la actualidad la sociedad necesita de madres hogareñas que salvaguarden su familia, su hogar.
El niño necesita la colaboración de ambos padres. El padre le enseñará a ser una persona libre, en el juego le hará fuerte y equilibrado afectivamente, en él encontrará el brazo que le fortalece. La madre le enseñara la serenidad y en ella encontrara consejo, descanso y el regazo que le consuela.
En la familia es donde se ponen los cimientos del hombre y lo aprendido en ella lo acompañará toda la vida.
H. Mariana Stephanie Sánchez Navarro
1º Magisterio Titulados

H. Brenda Castro Hernández. dijo...

“AYUDAR A CERER”
Capítulo II: La función educativa de la familia
Lo primero que hay que decir es que, el tema que nos presenta este capítulo es un ideal de suma importancia en la educación. Quienes tienen, por lo menos, un poco de experiencia en la misión educativa pueden afirmar con Polo que, la educación falla cuando los padres no asumen en su totalidad los fines del matrimonio. La educación es un fin como proyecto común de los esposos, la educación de los hijos es familiar, y se da de manera más completa cuando el amor al hijo es una prolongación del amor entre los esposos. Son cada vez más frecuentes los casos en las aulas, de niños con algún tipo de déficit, y en su mayoría corresponden a familias desestructuradas o desorganizadas.
Siguiendo la línea del comentario del capítulo anterior, y quizá llevada por la preocupación por los problemas de aprendizaje y emocionales que, como religiosa, veo en los niños de nuestros colegios, creo de gran importancia los ideales que Leonardo Polo resalta en este capítulo. La familia es el principal y más importante factor educativo, e influye la estabilidad, la comunicación de los esposos, la coherencia entre lo que se vive y lo que se enseña, y cabe insistir en que la escuela, aunque también es un factor importante en la educación de los niños, no puede sustituir a la familia solo la complementa.
Y en cuanto al tema del juego y la importancia de que el niño sepa ganar y sepa perder, me gustaría añadir de manera análoga, que los padres que dan todo a sus hijos, en cuanto a lo material, para, según ellos, ahorrarles sufrimientos, es en realidad, como acostumbrarlos solo a ganar. Estos niños al no saber perder, no sabrán llevar los pequeños sufrimientos que se les vallan presentando.

H. Brenda Castro Hernández. 1º Magisterio, Titulados

H. Brenda Castro Hernández. dijo...

“AYUDAR A CERER”
Capítulo II: La función educativa de la familia
Lo primero que hay que decir es que, el tema que nos presenta este capítulo es un ideal de suma importancia en la educación. Quienes tienen, por lo menos, un poco de experiencia en la misión educativa pueden afirmar con Polo que, la educación falla cuando los padres no asumen en su totalidad los fines del matrimonio. La educación es un fin como proyecto común de los esposos, la educación de los hijos es familiar, y se da de manera más completa cuando el amor al hijo es una prolongación del amor entre los esposos. Son cada vez más frecuentes los casos en las aulas, de niños con algún tipo de déficit, y en su mayoría corresponden a familias desestructuradas o desorganizadas.
Siguiendo la línea del comentario del capítulo anterior, y quizá llevada por la preocupación por los problemas de aprendizaje y emocionales que, como religiosa, veo en los niños de nuestros colegios, creo de gran importancia los ideales que Leonardo Polo resalta en este capítulo. La familia es el principal y más importante factor educativo, e influye la estabilidad, la comunicación de los esposos, la coherencia entre lo que se vive y lo que se enseña, y cabe insistir en que la escuela, aunque también es un factor importante en la educación de los niños, no puede sustituir a la familia solo la complementa.
Y en cuanto al tema del juego y la importancia de que el niño sepa ganar y sepa perder, me gustaría añadir de manera análoga, que los padres que dan todo a sus hijos, en cuanto a lo material, para, según ellos, ahorrarles sufrimientos, es en realidad, como acostumbrarlos solo a ganar. Estos niños al no saber perder, no sabrán llevar los pequeños sufrimientos que se les vallan presentando.

H. Brenda Castro Hernández. 1º Magisterio, Titulados

Susana Jimeno dijo...

Punto 1- Relación de los esposos entre sí y de éstos con el hijo.

Comparto el hecho de que cuando se tiene un hijo, los padres se subordinan al hijo y tratan de criarlo y educarlo con todo su amor. También creo que donde culmina la relación de los padres con el hijo es en la educación, ya que de esta manera se ayuda al hijo a ser persona, es decir, un ser viable y capaz de vivir en sociedad.
Pero creo que el modelo de familia que plantea el autor está bastante desfasado. Hoy en día, la sociedad o el ritmo de vida que llevamos nos exigen lo mismo a mujeres y hombres. Esto obviamente tiene una implicación que se refleja en la familia.

Punto 2/4- El problema del divorcio y sus efectos en el ámbito educativo/ Estructura familiar y social (hogar, clan, polis) y su influencia en la educación.

Es cierto que en familia, los hijos se sentirán más arropados y queridos, entenderán mejor que es la afectividad y como funciona. Los hijos aprenden de los padres y de cómo se comportan, con ellos y con los demás. Son su ejemplo a copiar. Estoy totalmente de acuerdo en que cada uno de los conyugues aporta algo al hijo, por lo que lo ideal sería que una pareja no se desuniera.
Pero también creo que actualmente hay muchos tipos de familia (1 conyugue viudo, madres solteras, padres que sólo ven a sus hijos 5 minutos al día – o ni eso- por trabajo, conyugues que emigran para poder mantener a sus familias…). No creo que los hijos de estas familias se eduquen peor. Probablemente, estas familias se apoyarán en su clan para reforzar la educación de sus hijos y se relacionarán con otros clanes, con lo que la educación de sus hijos se complementará.

Punto 3- La educación de la afectividad y su relación con las virtudes.

La educación del niño en las virtudes es indirecta porque en primer lugar se trata de que tenga normalizados los sentimientos. Si se logra la armonía de los sentimientos, luego, cuando la voluntad actúe sobre ellos, se obtendrán las virtudes correspondientes…Cuando las pasiones humanas están desorganizadas es sumamente difícil que se adquiera — cuando sea mayor edad — la virtud de la fortaleza o la virtud de la templanza de una manera más estable. (pag 73)

Esto me parece muy importante, ya que será la base para que el niño se desarrolle en sociedad.

Punto 5- El papel del juego en la acción educativa.
Este punto me parece muy interesante, ya que nunca me había planteado la importancia real del juego en relación con la educación. Tampoco le había dado la mayor importancia al hecho de que un niño haga trampas cuando juega y las consecuencias que esto puede tener en su educación.

Unknown dijo...

CAPÍTULO 2.
La función educativa de la familia


En el hijo, se encuentran el padre y la madre, porque en él culmina el sentido unitivo del amor conyugal; el hijo es fruto del amor de los padres. Así es como mejor se educa, cuando el amor al hijo es una prolongación del amor de los esposos, cuando es amor mutuo y no sólo amor al hijo. El amor al hijo nunca puede ir en contra del amor de los esposos, dado que el hijo es su obra común. Por eso, afirma Polo, si se produce la desunión entre los padres, la función educativa no se podría llevar a cabo, y añade que “la educación sale siempre mal si no está unida al amor entre los esposos, y este amor es de uno con una”.
Esta declaración me parece demasiado dura, pero sí estoy de acuerdo, si bien no es imposible la educación en casos como el de hijos de padres divorciados, sí que es más difícil.
La educación de un hijo requiere mucho sacrificio y tener unos objetivos claros, muy difícil de conseguir sino hay trabajo y un compromiso común entre los padres. Por eso pienso que es más acertado cuando luego Polo dice que, en el caso de padres con hijos de distintas mujeres, se da un déficit o dificultad educativa.
También coincido con Polo en que la mejor educación familiar es la educación conjunta. Las funciones educativas del padre y de la madre no son iguales; por eso, tienen que colaborar mutuamente y ponerse de acuerdo, tiene que haber diálogo entre los padres y fijar unos objetivos y valores en común para la educación de los hijos. La estabilidad educativa se logra cuando están marcados esos objetivos, lo que requiere también una estabilidad en la convivencia entre los miembros de la familia.
Margarita Ussia Muñoz Seca 1 Magisterio Titulados

Lucía Gonzálvez Suárez dijo...

El fin primario del matrimonio es la procreación y donde culmina esa relación de los padres con los hijos es en la educación. El hecho de que los padres estén al servicio de sus hijos se explica porque el hombre es más propiamente hijo que padre.

El carácter unitivo que hay entre el amor de los esposos y el amor al hijo se constituye en la dotación genética que ambos aportan.

El hombre no puede ser padre sin la colaboración de Dios; y puesto el hombre es alma y cuerpo, lo que aporta el hombre es la materia, pero el alma, es decir, la dimensión espiritual es dada por Dios. El hijo se parece al Espíritu Santo, ya que es la tercera persona de la Santísima Trinidad; que es el don, que es fruto de la donación del Padre y la aceptación del Hijo.

Al principio hemos dicho que el fin primario de la unión de los esposos son los hijos, porque el hombre es hijo primero y porque el amor culmina en una nueva persona; el amor entre éstos tiene que encontrarse en el hijo puesto que es su obra común; y ya que el amor al hijo es una prolongación del amor entre los esposos es cuando mejor se educa.

Cabe destacar que en ocasiones el hijo puede ser motivo de desunión entre los esposos, cuando los padres muestran un excesivo amor a sus hijos y como consecuencia se deja de lado al cónyuge. En cuanto se produce desunión por parte del matrimonio la función educativa no puede realizarse ni llevarse a cabo. Por eso la poligamia da lugar a un déficit educativo, porque descoyunta el amor entre los esposos y el amor al hijo. Esto es un problema educacional irresuelto al no estar unido el amor entre los esposos y en consecuencia, ésta desunión estropea a los hijos. El divorcio da lugar a la poligamia, es decir, se desvincula por completo la unión y el amor entre los esposos, experimentando el niño un déficit educativo.

Si los padres no tienen normalidad sentimental entre ellos, si no hay solidaridad en el amor mutuo y tampoco procuran cuidar mejorar la convivencia entre ellos dos, no van a poder educar en hábitos ni virtudes a sus hijos, porque el propio matrimonio carece de ellos. Esto suele darse en casos de divorcio que como consecuencia llevan a la poligamia. La educación en la familia es fundamentalmente una educación en la normalidad afectiva; por tanto el amor entre los esposos y el amor al hijo es inseparable.

La educación de los afectos prepara para la educación en virtudes; y así poder desarrollar las facultades espirituales. Para esto, la mejor educación es la educación conjunta; padre y madre, evitando riñas y dialogando para llegar a un acuerdo, dentro de un hogar, que siempre ayudará a la estabilidad del matrimonio. Tanto el padre como la madre son sujetos esenciales que no pueden desaparecer en relación al hijo; dejando a la mujer a cargo con los hijos, y el marido con sus amigos fuera de casa. Hoy día cada vez más mujeres practican la horda femenina, lo que no contribuye a la educación de sus hijos.

La educación de los afectos va unido al juego, porque prueba la propia fuerza, desarrolla habilidades o experimenta un disgusto; con esto contribuye a adaptarse a la vida y a ganar en virtudes. Sin juego no hay reglas, sin reglas no hay seguridad afectiva y sin todo esto hay malos resultados académicos.

Daniel dijo...

Leonardo Polo nació en 1926. Creo que es importante situar cronológicamente a un autor cuando lo leo. Si digo eso es porque en consonancia con un comentario de una compañera creo que las palabras del autor están desfasadas en la sociedad actual. Es evidente que un hogar en el que los esposos viven juntos y felices se antoja el escenario ideal para educar a un hijo. Comparto plenamente esa idea. También comparto la importancia del amor entre los conyugues así como la normalización del afecto.
Desgraciadamente, hoy en día, hay muchos hogares en los que la realidad dista mucho del escenario idílico. Flaco favor nos haríamos los educadores de no reparar, asumir y respetar las diferentes situaciones que puedan tener nuestros alumnos en sus casas. Flaco favor nos haríamos igualmente de pensar que estos niños puedan estar menos o peor educados. En mi opinión, son preocupantes frases del autor como: “Si la desunión entre los padres se produjera, la función educativa no podría llevarse a cabo.” Como bien ha señalado mi compañera, en este grupo, además de padres divorciados o separados tenemos que incluir muchas otras situaciones que se pueden dar en los distintos hogares de nuestros alumnos, fallecimiento de los padres, movilidad laboral, jornada laboral excesiva, etc…
Por otra parte, personalmente, pongo en duda que un niño pueda recibir más y/o mejor educación en un hogar en el que conviven sus padres riñendo constantemente el uno con el otro, en un hogar en el que percibe violencia psicológica y/o física que un niño de padres separados o divorciados. Es más, me parecen ofensivas ciertas líneas que he podido leer a lo largo de este segundo capítulo que hacen referencia a este tema. Entiendo que para un hijo resulte muy difícil la separación o divorcio de sus padres. Entiendo que pueda ocasionar tristeza, cambios estructurales, dificultades e incluso traumas. Pero asociar esos niños al fracaso y a la delincuencia es un discurso tan demagógico como peligroso. Hay hijos, incluso padres, más y mejor educados, y más felices de familias desestructuradas que de familias que conviven. Los padres pueden normalizar los afectos de los hijos y conseguir el equilibrio afectivo aún no estando juntos, es una tarea difícil cierto, pero en ningún caso debemos pensar que no es posible.
¿Qué es la normalidad sentimental? ¿Qué es una vida familiar estropeada? ¿Qué es la inestabilidad de los padres? Bien podríamos asociar esos términos a matrimonios que no se soportan y hacen del hogar un infierno para sus hijos.
En mi opinión es mucho más peligroso para el niño aquel hogar en el que los padres, aunque juntos, no están. Padres que ni hablan ni juegan con sus hijos. Padres que absorbidos por intensas jornadas laborales que proporcionen estatus social y comodidades han dado paso a la “generación llavero”. Niños que entran y salen cuando quieren, niños que hacen y deshacen lo que quieren cómo y cuando quieren.

Unknown dijo...

Me cuesta hacer el comentario de este capítulo y estoy en total acuerdo con Daniel. Me pregunto a qué público estará dedicado este capítulo, como educadores considero que no podemos caer en hacer juicios de los tutores de los niños que hemos de ayudar a crecer. No cabe duda que el desarrollo de un niños está íntimamente relacionado con su ambiente familiar, es tarea nuestra cómo el niño desarrolla su resiliencia para afrontar los pequeños y grandes retos que la vida le presente mucho más allá de una visión victimista. Considero necesario una definición de "buena y mala educación" antes de poder aplicar estos conceptos en los varios párrafos que se plantea, sobre todo en el contexto de que educar es "ayudar a crecer". En estos momentos y en el contexto en que vivimos la educación es un reto por la situación actual, la cual es el resultado del pasado de nuestra historia. Esta es una de las razones por la que no estoy de acuerdo con los comentarios del autor en términos generales y en la manera de presentar el importantísimo y sagrado tema de la familia.
Interesante la importante la consideración del juego en la educación, aunque con un punto de vista competitivo que podría valorarse según las etapas evolutivas del niño.

Rosario Piñeiro
Titulados 1º E.Primaria